Los expertos del CONICET se encuentran en investigación para encontrar la clave del éxito. El foco está puesto en mejorar los cultivos de granos en Argentina, sin descuidar el bienestar del suelo ni el impacto en la economía.
Con el objetivo de mejorar el rendimiento y la calidad de diversos cultivos de granos adaptados a climas templados en las principales áreas agrícolas de Argentina, un grupo de expertos del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires investiga los mecanismos fisiológicos que permiten a estos cultivos adaptarse a distintos entornos. De esta manera, el foco está puesto en potenciar la agricultura en el país, de una manera óptima y segura.
Según informaron desde el sector, este equipo de profesionales busca identificar las estrategias de manejo más adecuadas para cada situación dentro de un contexto de cambio ambiental. Así es como tienen en cuenta las diferentes adversidades que pueden interferir en el suelo local.
Hoy en día, tanto la UBA como el CONICET trabajan con una variedad de cultivos de interés agronómico, incluyendo trigo, cebada, trigo sarraceno, colza canola, carinata y soja. Para cada uno de estos, establecen objetivos específicos orientados a mejorar su rendimiento y calidad bajo diferentes condiciones y contextos.
En tanto, se enfocan también en resolver preguntas que aún no fueron resueltas o que presentan respuestas contradictorias en la literatura científica existente. Muchas de estas cuestiones emergen de la dinámica propia del trabajo científico, aunque en otras ocasiones son planteadas por empresas u otros actores del sector agrícola.
Para que el equipo aborde estas preguntas, es esencial que también les interese encontrar respuestas. En este sentido, establecieron convenios de colaboración tecnológica con empresas productoras de semillas como Nuseed, Don Mario Semillas, Syngenta-Nidera, Spraytec, Chacra Servicios y DSV.
Además, mantienen vínculos con compañías del sector cervecero, interesadas en mejorar la calidad de la malta derivada de la cebada cultivada en Argentina, tales como Boortmalt, Malteria y Cervecería Quilmes.
El grupo también colabora con organizaciones no gubernamentales que involucran a agricultores y sus asesores, como la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA) y la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).
Si bien sus líneas de investigación incluyen un componente experimental en el campo y están orientadas a resolver problemas prácticos, no descuidan la comprensión de los aspectos moleculares y genómicos de la ecofisiología vegetal. Para ello, suelen asociarse con grupos especializados en genómica tanto a nivel nacional como internacional.
Actualmente, colaboran con un grupo del INTA Marcos Juárez dirigido por Leonardo Vanzetti y con un laboratorio de la Universidad de Davis en California, Estados Unidos. Estas colaboraciones les permiten abordar preguntas y soluciones a nivel molecular, integrando el trabajo de campo a gran escala con estudios genéticos detallados.
Además, para evaluar la calidad de los diversos cultivos, establecieron convenios con centros de referencia como la Cámara Arbitral de Cereales de Bahía Blanca y la Universidad de Rosario, con quienes colaboran estrechamente.
Para llevar a cabo los estudios de campo, disponen de un área experimental en la Facultad de Agronomía y también realizan experimentos en diversas localidades de la provincia de Buenos Aires, como Balcarce, Chivilcoy, Pergamino y Baradero. Esta amplia red de colaboraciones y ubicaciones les permite obtener datos representativos y aplicables a diferentes contextos agrícolas, fortaleciendo así sus investigaciones y contribuciones al sector.
Con todas estas iniciativas, los argentinos buscan avanzar en el conocimiento científico de manera multidisciplinaria, explorando los distintos mecanismos ecofisiológicos desde diferentes niveles de análisis. Además, llevan adelante convenios de vinculación tecnológica con empresas nacionales e internacionales del sector del agro.
Entre sus contribuciones más destacadas pueden señalarse el desarrollo de líneas de software para optimizar la toma de decisiones agronómicas, la generación de nuevos conocimientos en fisiología vegetal y el dictado de talleres y capacitaciones para productores.
¿Para qué sirven los software en los cultivos de Argentina?
En los últimos años, el territorio argentino desarrolló diferentes herramientas tecnológicas con el objetivo de ayudar a los productores agrícolas a tomar decisiones más informadas y reducir la incertidumbre en sus prácticas.
Entre estas innovaciones se encuentra una línea de software llamada CRONOS, que permite a los usuarios simular el ciclo completo de una variedad comercial de cultivo en una localidad específica antes de su siembra. Esta herramienta ofrece la posibilidad de predecir eventos clave del ciclo del cultivo, como la floración, la madurez y la emergencia, lo que facilita la planificación de la siembra según las condiciones climáticas de cada región.
Además, ayuda a prever riesgos de heladas y el estado hídrico del suelo, optimizando la gestión de los recursos. Este mismo abarca cultivos como la soja, el trigo, la cebada, el trigo sarraceno y la canola, y está disponible no solo en Argentina, sino también en Uruguay, Paraguay, Chile y próximamente en España.
El equipo del CONICET también lanzó un nuevo software llamado CRONOGEN, que permite predecir el comportamiento de un cultivo a partir de su información genética. Esto representa un avance significativo en la reducción de ensayos en campo.
¿Qué investigaciones hay en Argentina sobre el desarrollo de los cultivos?
En la actualidad, los expertos del CONICET están trabajando en una herramienta que les permitirá a los agricultores predecir el contenido de proteína en granos de cebada según el nivel de nitrógeno disponible en el suelo.
En cuanto a la investigación en trigo y cebada, se centraron en estudiar la relación entre el rendimiento, la calidad y el ambiente, especialmente en un contexto de cambio climático. El análisis determina cómo las variedades de estos cultivos responden al aumento de las temperaturas, tanto en términos de productividad como de calidad de los granos, y exploran qué manejos agronómicos pueden mejorar su adaptabilidad a las nuevas condiciones.
Hasta el momento se observó que las temperaturas nocturnas son cada vez más altas, lo que podría alterar la fisiología de cultivos invernales como el trigo y la cebada, que dependen de temperaturas bajas. Ante este desafío, el equipo investiga cómo ajustar las prácticas agrícolas, como las fechas de siembra y las densidades de siembra, para mitigar los efectos del calentamiento.
El grupo también está explorando cómo los genes que controlan el frío responden a los cambios de temperatura y su impacto en el rendimiento y la calidad del grano. Además, se ocupan de estudiar la variabilidad climática y los efectos de eventos extremos, como inundaciones por exceso de precipitaciones.
Gabriela Abeledo, por su parte, es una de las investigadoras argentinas más destacadas en el país, dado que lidera estudios sobre cómo mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes, particularmente el nitrógeno. Su trabajo es entender el método para aumentar la cantidad de proteína en los granos de trigo y cebada, lo que a su vez mejora la calidad.
Aunque el foco está en la investigación aplicada, también contribuyó a la ciencia básica, publicando estudios que ayudar a explicar procesos funcionales de los cultivos, como la dinámica de flores en trigo y cebada, que tuvieron un impacto tanto en la transferencia de tecnología como en el conocimiento fisiológico de estos cultivos.