Lun. Mar 31st, 2025

Los expertos argentinos desarrollaron excelentes estrategias e innovaciones para potenciar el sector de los cultivos. Los ensayos productivos en el país pretenden mejorar la calidad del suelo andino y, por lo tanto, la economía local.

En la puna catamarqueña, un grupo de profesionales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el IPAF NOA –junto con la participación de productores locales- llevó a cabo una importante investigación con el fin de mejorar la calidad de los sembrados en Argentina. El punto está en recuperar los cultivos andinos, como maíz, porotos, amarantos, papas y quinuas, así como también promover la agrobiodiversidad. 

En detalle, los investigadores avanzaron en el desarrollo de ensayos productivos, entre los que se encuentran la incorporación del abono bocashi para alcanzar una mayor calidad en los cultivos. 

Lo cierto es que bajo el objetivo de recuperar y valorizar los cultivos propios de la región andina y adaptados a ella, se implementaron iniciativas que buscan fortalecer la agrobiodiversidad de la puna catamarqueña y las prácticas culturales vinculadas a ella.

La Agencia de Extensión Rural Santa María del INTA Catamarca, el IPAF NOA y los productores de la zona rural de Toro Yaco, en Santa María, Catamarca, desarrollaron estrategias e innovaciones conjuntas para mitigar los efectos de la variabilidad climática en los sistemas productivos andinos y su biodiversidad.

Según Karina Pastrana, técnica extensionista de la Agencia de Extensión Rural, la primera fase del proyecto se enfocó en las producciones de las familias agricultoras de Toro Yaco, localidad situada a 120 kilómetros de la ciudad de Santa María. En esta etapa, se realizó un estudio detallado de las unidades productivas para identificar tanto los cultivos presentes como aquellos que los agricultores deseaban recuperar.

Toro Yaco se caracteriza por un clima semiárido de prepuna, con precipitaciones estivales que rondan los 120 milímetros anuales. Las principales actividades de la zona son la ganadería bovina y de rumiantes menores. La agricultura, en su mayoría, se realiza en terrenos cercados con muros de piedra, donde se cultivan especies andinas y adaptadas a las condiciones locales.

Desde el sector informan que este tipo de entornos desafiantes requiere que los agricultores afronten el escenario e implementen técnicas tradicionales, tanto en el manejo del agua como del suelo. De esta manera, se puede optimizar la producción y la estrategia de trabajo. 

En esta línea, una de las tácticas más utilizadas en la actualidad es la incorporación de muros de piedra. Estos no solo protegen los cultivos del viento y de la erosión, sino que también ayudan a retener la escasa humedad del suelo. 

Por su parte, las especies cultivadas -como la quinua, el maíz y la papa andina- son seleccionadas por su resistencia a las condiciones extremas de sequía y altitud. Cada una de estas es seleccionada por su capacidad de adaptarse a suelos inestables y su resistencia a las fluctuaciones climáticas.

Al cultivar variedades tradicionales, las comunidades no solo mantienen vivas sus prácticas ancestrales, sino que también contribuyen a la conservación de la biodiversidad agrícola.

¿Qué investigaciones hay en Argentina para mejorar la calidad de los cultivos?

Durante las investigaciones del INTA, se identificó una escasa variedad de cultivos en la zona, una abundante cantidad de guano de cabras y ovejas sin aprovechar como fertilizante, y estructuras agrícolas prehispánicas que no estaban siendo valoradas. Además, los agricultores expresaron interés en recuperar semillas de cultivos tradicionales.

La introducción del abono bocashi, por su parte, tuvo un impacto significativo en los cultivos, aumentando su rendimiento y mejorando la calidad. Esto se reflejó en el tamaño, color y salud de las plantas.

En una segunda etapa del proyecto, se compartieron los conocimientos y recursos disponibles entre las familias, incluyendo semillas de otras regiones andinas del noroeste argentino que fueron solicitadas por los propios productores.

El INTA contribuyó con una variedad de papas provenientes de la colección de la Estación Experimental Agropecuaria de Abra Pampa, además de amarantos, quinua, porotos, maíz y otras hortalizas. Los agricultores tuvieron la opción de incorporar estos cultivos en sus terrenos, y la mayoría decidió experimentar con toda la diversidad ofrecida.

En este proceso, el bocashi -un abono orgánico que acelera la descomposición de la materia orgánica- se destacó como una herramienta clave para mejorar la disponibilidad de nutrientes y optimizar el uso del agua, un recurso extremadamente escaso en la región.

Durante un tercer encuentro, los productores exhibieron los cultivos logrados gracias a la multiplicación de las variedades locales y las nuevas. La diversidad obtenida se compartió tanto entre las familias de Toro Yaco como con las comunidades cercanas, destacando la importancia de preservar y compartir los recursos locales.

Finalmente, se trató el tema del agua mediante un mapeo colectivo de las fuentes e instalaciones existentes en la zona, lo que permitió establecer una base para futuras acciones relacionadas con la gestión de los recursos hídricos.

por Federico Trucco

¿Quién es Federico Trucco? Federico Trucco, nacido en Rosario, Argentina, el 27 de mayo de 1977, es un destacado profesional con una sólida formación en bioquímica, malezoología y patología vegetal, así como en administración de empresas. Su trayectoria se ha centrado en la intersección entre la agricultura y la biotecnología, con más de 15 años de experiencia en el desarrollo de empresas innovadoras en este campo. Tras completar sus estudios universitarios en bioquímica en la Universidad Estatal de Louisiana, Federico continuó su formación con una maestría en malezoología y patología vegetal en la Universidad Estatal de Colorado, seguida de un doctorado en Ciencias de los Cultivos en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Durante su tiempo en Illinois, también adquirió conocimientos en administración de empresas. Su interés por la biotecnología aplicada a la agricultura se ha visto impulsado por su pasión por el avance tecnológico en el sector, así como por su compromiso con la innovación. Este interés lo llevó a unirse a Bioceres, una firma líder en la gestión de proyectos en el ámbito agro-biotecnológico. Desde entonces, ha desempeñado roles clave en la investigación y desarrollo de la empresa, así como en la creación y dirección del centro de biotecnología de Bioceres, conocido como INDEAR. En 2011, fue nombrado CEO de Bioceres, liderando el camino en la expansión y desarrollo de la empresa. Bajo su liderazgo, Bioceres se ha convertido en un referente en América Latina en el campo de la biotecnología agrícola, con una presencia destacada en la Bolsa de Valores de Nueva York. Federico ha sido reconocido por su contribución a la innovación empresarial, recibiendo premios como el Konex a la innovación empresarial y el premio EY Entrepreneur of the Year para Argentina. Además, ha ejercido como presidente de la Cámara Argentina de Biotecnología, demostrando su compromiso con el avance y desarrollo de este campo en su país.